Santa Pola, en la comarca del Bajo Vinalopó, se aparece al viajero como una ciudad blanca que, gracias a su potencial turístico, ha desarrollado hacia el oeste un gran núcleo de población concentrado alrededor de playa Lisa. A la entrada de la ciudad, un gran palmeral situado a un lado de la rotonda que distribuye la circulación de entrada y salida de la población nos da la bienvenida obligándonos a dirigirnos hacia la derecha hasta llegar al puerto pesquero, donde amarran grandes barcos arrastreros que faenan en el Mediterráneo y que constituyen uno de los principales sectores económicos de la ciudad.

Históricamente hay que identificar Santa Pola con el conocido Portus Ilicitanus a través de la cual comerciaba la ciudad de Ilici ( Elche ). La referencia más antigua que conserva Santa Pola y que merece una visita es el castillo-fortaleza que rodea la llamada plaça del Castell. Esta edificación la mandó construir en el siglo XVI el marqués de Elche y virrey de Valencia Bernardino de Cárdenas; conserva en su interior un aljibe, y en las dependencias, que antiguamente dieron cabida al ayuntamiento, están instalados un museo arqueológico y un acuario en el que se muestran la fauna marina propia de la zona. Santa Pola del Este, zona residencial que se ha formado al abrigo del cabo, es la que mejor representa a la ciudad moderna.

Uno de los paisajes que más llama la atención al paso por esta población son las salinas del Braç del Port y del Pinet, que se encuentran en la salida hacia Torrevieja. En este tramo del trayecto el paisaje se vuelve plano, casi laminado, y la carretera se adentra entre una gran superficie de aguas estancadas en compartimientos que forman una amplia malla de retículas: son las salinas, a las que llega el agua del mar a través de una gran red de canales. Este paisaje llano, sólo roto por la presencia de una antigua torre vigía, la del Tamarit, que parece haberse deshecho en el agua, invita al visitante a realizar un alto en el camino y observar, sobre todo en otoño, uno de los fenómenos que cada año se repite en el tiempo: la concentración de un gran número de flamencos y otras especies de aves zancudas que se encuentran en esta zona húmeda del sur de la provincia un lugar para nidificar.

 

Guardamar del Segura, ciudad en la que desemboca el río que le da el apellido, es nuestra siguiente parada. Pero antes habremos de pasar por La Marina, un pequeño núcleo de población un tanto dispersa en la que existe una de las playas más singulares de esta zona de la costa, la del Pinet, con un bosque de pinos que llega hasta el mar. El mayor atractivo de Guardamar del Segura es, sin duda, el paraje natural de las dunas, que se extiende 15 kilómetros de norte a sur a lo largo de toda la franja litoral. Estas, que ocupan el término de Guardamar y parte de Elche, se han formado a partir de las arenas procedentes del banco de sedimentación de los arrastres del río Segura y las depositadas por el mar en la playa, que luego el viento desplaza hacia tierra. El peligro que suponía para la población el avance progresivo de estas dunas móviles hizo que se llevase a cabo un proceso de fijación de las mismas, que se desarrollo en tres fases a través de plantaciones adecuadas como las piteras, que ayudaron a detener la arenas. A continuación se plantaron palmeras y eucaliptos, y por último pino doncel o piñonero y carrasco. Guardamar del Segura conserva de su pasado histórico el yacimiento arqueológico de la Rápita califal, conjunto de mezquita árabes, y el de la época ibérica descubierto en el Cabezo Lucero, entre cuyo conjunto destaca la Dama de Guardamar ( siglo IV a. C. ), depositado el MARQ.

 

Los alrededores de la ciudad de Torrevieja llaman la atención por la proliferación de urbanizaciones que, queriendo ser originales y atractivas en sus deseos de despertar la demanda de los turistas, han originado una curiosa amalgama de formas y estilos arquitectónicos. Con un crecimiento casi incontrolado, la ciudad se ha convertido en los últimos años en el segundo destino turístico de la Costa Blanca después de Benidorm. En ello han tenido una especial incidencia las playas, así como las numerosas calas que, desde el cabo Cervera, al norte, se extienden a lo largo de toda la franja costera. Sin embargo, Torrevieja es tan conocida por su turismo como por su secular industria de las salinas.

La de La Mata y la de Torrevieja, separadas entre sí 1,5 km., ocupan una superficie de más de 2.000 hectáreas, si bien ambas se unen artificialmente por un canal y con el mar a través de otro que se denomina "El acequión". La explotación de las salinas, una de las más importantes de Europa, y su exportación, se inician hacia el siglo XIII; uno de los lejanos lugares a los que se enviaba la sal en el siglo XIX fue las Antillas, lo que determinó la fundación y el rápido crecimiento de uno de los acontecimientos culturales que dan carácter a esta ciudad: el certamen de habaneras, en el cada año participan las mejores masas corales tanto nacionales como internacionales.

Llegamos al final de nuestro trayecto con una última etapa que podría abarcar desde Punta Prima hasta los Esculls de El Mojón, punto de encuentro entre las provincias de Murcia y Alicante. Punta Prima, junto con las playas de la Flamenca, la Zenia, Cabo Roig y la de Campoamor, pertenecen al término municipal de Orihuela, ciudad de la que adquiere su independencia administrativa, casi a comienzos de los años noventa, Pilar de la Horadada, que cuenta en su litoral con espacios que van desde las dunas y playas grises del Mojón hasta las grandes edificaciones que se extienden hacia la cala de Campoamor, una de las más atractivas de estos lugares, pasando por zonas de puertos deportivos como el de la Punta de la Horadada.