Villena es el siguiente punto de nuestro recorrido. Capital de la comarca del Alto Vinalopó, esta ciudad que linda con las provincias de Murcia, Albacete y Valencia, ha sido a lo largo de su dilatada historia nudo de comunicaciones y frontera entre los reinos de Valencia y Castilla, a los que perteneció en continua alternancia, siempre dependiendo de las vicisitudes históricas del momento, y en las que siempre tuvo un papel preponderante el castillo de la Atalaya. De origen islámico, aunque poco le queda ya de este período, el castillo se convierte en todo un hito paisajístico que se puede contemplar desde muchos kilómetros a la redonda. Su conjunto arquitectónico está formado por dos recintos con torreones circulares en los ángulos, uno interior de planta cuadrada con muros elevados y otro exterior, más amplio. Se halla muy bien conservado tras sucesivas actuaciones en sus recintos, y del conjunto destaca la torre del homenaje, coronada por ocho garitones en voladizo, en cuyo interior se conservan unas bóvedas al mohades como las del castillo de Biar. Ocupada Villena, tras un pacto con sus habitantes, por Jaime I en el año 1240, fue cedida por éste a Alfonso X El Sabio, quien posteriormente la donó a su hermano el infante don Manuel, autor del Libro de los exemplos del Conde Lucanor et de Patronio, quién llevó a cabo algunas reformas en el castillo para adecuarlo a funciones palaciegas. Convertido en Marquesado de Villena por Enrique II de Trastámara, pasó a pertenecer a uno de los personajes más curiosos en la vida de esta ciudad: Enrique de Villena, nieto bastardo de Enrique II de Castilla y uno de los primeros humanistas españoles que tradujo a Virgilio, Dante y Cicerón; escribió en catalán y castellano un gran número de obras y, por su afición al estudio de las matemáticas, filosofía, astrología y alquimia, tuvo entre sus coetáneos fama de brujo y nigromante. Dentro de la arquitectura religiosa de Villena cabe destacar el templo arciprestal de Santiago, así como la iglesia de Santa María, ambos de estilo gótico. El primero se construyó en el siglo XV, mientras la segunda, a la que con posterioridad se le añadió una puerta de estilo barroco, se realizó en el XVI. La iglesia de Santiago consta de tres naves con girola y bóveda de crucería sostenidas por columnas helicoidales que recuerdan a las de la catedral de Orihuela. Merece una especial visita el ayuntamiento (siglo XV), declarado monumento nacional en 1968, de cuyo primitivo estilo renacentista conserva dos ventanas y un espacioso patio con columnas toscanas y doble galería. En las dependencias municipales se encuentra el Museo Arqueológico José María Soler, que alberga el Tesoro de Villena, uno de los hallazgos más importantes de la edad del Bronce. Siguiendo el curso paralelo al Vinalopó por la autovía Madrid-Alicante, nos encontramos con la población de Sax, apiñada alrededor de su castillo, con dos torres y murallas defensivas, construido sobre un picacho de rocas. Este forma parte, desde bastante distancia, del paisaje árido de una zona geográfica en el que impera el monte bajo y las vides son parte principal de la producción agrícola. La escasez de precipitaciones es la tónica dominante de esta comarca del Alto Vinalopó; sus montes presentan el aspecto ralo de una vegetación de romero y escasos pinos.