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Alicante cuenta en su interior con zonas geográficas especialmente
atractivas por ser parajes de una gran belleza paisajística,
si bien, como es en el caso de la sierra Mariola y otras muchas,
han sufrido en los últimos tiempos algún tipo de agresión
por la acción de los incendios, que han mermado los valores
ecológicos y medioambientales que reunían. Contrariamente
a lo que ocurre con la zona marítima, ésta de los valles
y montañas del interior, en la que se produce una perfecta
armonía entre los pequeños núcleos de población
y el medio natural que los rodea, es quizás la menos conocida
de todas, incluso por los propios alicantinos. POR LOS VALLES DE
GALLINERA, ALCALÁ, EBO, LAGUART Y POR Aquí encontraremos
recónditos lugares anclados en el tiempo, en los que aún
se puede apreciar la huella que dejaron los moriscos que durante
tantos años se asentaron en estas tierras y que se percibe
en la propia toponimia de los pueblos, en la técnica del aprovechamiento
de las tierras de cultivo y en los restos de antiguos castillos.
Un paseo por estos lugares, que conocieron un gran esplendor durante
la dominación árabe de la provincia, nos traerá el
recuerdo de un personaje llamado Al-Azraq, quien protagonizó numerosas
revueltas, principalmente a raíz de la primera orden de expulsión
de los moriscos en 1258, dictada por Jaime I. Al-Azraq forma parte
ya de la leyenda que en torno a su figura ha ido creando la imaginación
popular. Iniciaremos esta ruta en Pego, situado en el centro de un
hermoso valle regado por el río Bullent. El núcleo
urbano, asentado en una colina que domina un valle de gran riqueza
agrícola, nos muestra el carácter apacible y próspero
de esta población de origen árabe en la que hay que
visitar la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción,
que conserva un gran retablo del siglo Xv. En su término,
compartiéndolo con Valencia, se encuentra el marjal al que
da nombre, una de las zonas naturales de la provincia con gran valor
ecológico, que fue una laguna de producción arrocera
y que hoy está prácticamente desecada y en grave peligro
de desaparición. A corta distancia de Pego, en dirección
a Alcoy, se encuentra Adsubia, situada en un terreno agreste rodeado
de montañas; muy cerca y más hacia el norte está Forna,
en medio de un valle que se adentra hacia la sierra de Gallinera.
Poco después nos introducimos en un lugar cuya singular orografía
le confiere un particular atractivo: vall de Gallinera. Atravesado
longitudinalmente por la carretera que une Pego con Alcoy y por una
rambla que sirve de cauce al río Gallinera, este valle está formado
por un conjunto de núcleos de población de reducidas
dimensiones que conforman el municipio de Vall de Gallinera y se
reparten por lugares agrestes y de gran belleza paisajística,
merecedores de ser visitados detenidamente. Estos pueblos, que conservan
la toponimia de los antiguos asentamientos árabes, son: Patró,
Benirrama, Benisili, Benisavá, Benitaya, La Carroja, Lombay
y Benialí, que hace las veces de capital municipal, y están
repartidos en un espacio de algo más de 15 kilómetros
a lo largo de la carretera de Pego a Alcoy; para llegar a alguno
de ellos hay que adentrase a veces en caminos rurales. En el Vall
de Gallinera, espacio natural protegido y delimitado en su parte
septentrional por la sierra del Almirante y en la meridional por
la dela Foradada y las lomas del Chap, el paisaje queda determinado
por la particular orografía y la vegetación propia
de estas latitudes, de matorral alto bastante desarrollado en el
que predomina la coscoja, el palmito y el lentisco, y un matorral
bajo y muy frondoso de romero y cepeyo, mientras que en las zonas
altas dominan los pequeños bosques de pino carrasco y de encinas.
Particularmente atractiva resulta la rambla del río Gallinera
en los meses de verano, pues abunda las agrupaciones de adelfas que
se desarrollan en sus aguas y dan un particular toque colorístico.
Continuando por la carretera que venimos siguiendo desde Pego, a
cuatro kilómetros del cruce de Benisili, y cinco antes de
llegar a la población de Planes, un camino a la izquierda
nos guiará hacia la Vall d´Alcalà, la población
que vio nacer a este héroe de leyenda que fue Al-Azraq. El
municipio queda conformado por la población de Alcalá de
la Jovada y el lugar de Beniaya. Con un término municipal
muy montañosos que caracteriza su paisaje y en el que podemos
ver masas de pinos, encinas y arbustos bastante frondosas, en La
Vall d´Alcalà la agricultura es el principal motor de
su economía, si bien el suelo aprovechado para cultivo es
escaso, como suele ocurrir en todas estas poblaciones de montaña,
siendo frecuentes las plantaciones de árboles frutales, principalmente
cerezos, melocotoneros, perales y manzanos. Su situación,
más de 630 metros sobre el nivel del mar, lo que lo convierte
en el municipio más alto de la comarca, ha tenido particular
incidencia en la historia del lugar, pues durante la ocupación árabe
fue siempre un foco de resistencia contra el rey Jaime I, quién
decretó la expulsión de sus habitantes, dando lugar
al abandono de numerosos poblados moriscos, como el de Adsubieta.
Tras abandonar Alcalá de la Jovada, el viajero puede seguir
entre bellos paisajes de montaña el camino que le lleva de
nuevo a Pego y alcanzar la pequeña población de Vall
de Ebo, en las estribaciones de la sierra de la Carrasca y uno de
los enclaves más agrestes de la provincia, donde abundan los
cultivos típicos de secano, como son el olivo, el algarrobo
y el almendro. Por este valle se desliza, desde la sierra de Llombay –donde
nace a 650 metros de altitud-, el río Girona, que recibe el
nombre de Ebo a su paso por esta población. Encajonado entre
las sierras de la Carrasca y del Mediodía, este río
forma una sucesión de barranco, que son consecuencia de los
fenómenos de erosión sobre el terreno de calizas que
se da en el fondo del cauce. El más conocido es el denominado
barranco del Infierno, con paredes de corte vertical, que sobrecogen
el corazón a quien se acerca a ellas. El fondo del barranco
está cubierto con amplias zonas en las que abundan las adelfas
y cañaverales, que le dan en primavera y verano un especial
colorido al paisaje. El barranco, por el que sigue el río
hasta llegar a la presa de Isbert, se ensancha en el término
de Vall de Laguart, adquiriendo su lecho forma de rambla. Para llegar
hasta Vall de Laguart, el viajero tendrá que dar un rodeo
por la carretera que va desde Vall de Ebo hacia Pego y antes de llegar
a esta población desviarse al sur por Sagra, Tormos y Orba.
El municipio, situado entre las sierras del Peñón,
al sur, y el de Mediodía, al norte, comprende los poblados
de Campell, Fleix y Benimaurell y el complejo que existe alrededor
del sanatorio-leprosería de Fontilles, fundado en 1909 y rodeado
de un extraordinario paraje natural que ya en el año 1980
sufriera una importante agresión a causa de los incendios.
Abundan aquí el pino carrasco y los rodales de encinas, mientras
en las zonas con más humedad y abrigadas crece el lentisco,
la coscoja y el palmito. Vall de Laguart tiene el paisaje característico
de las poblaciones asentadas en terrenos montañosos que, para
poder sacar partido a las dificultades del terreno, han aprovechado
las curvas de nivel en las laderas de los montes y han llevado a
cabo abancalamientos –técnica ya utilizada por los árabes-
para la agricultura de secano, sobre todo almendros y olivos, mientras
que en las zonas donde se puede aprovechar el agua hay frutas y hortalizas.
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