A finales de la década de los años 20 el Ayuntamiento de Alicante
propuso a concurso la construcción de una fuente situada en los
ejes urbanos más importantes de la futura ciudad que ese tiempo
se estaba diseñando. Entre otros proyectos se presentó el monumento
diseñado por Daniel Bañuls, quién ganó el concurso y asumió la
obra de la fuente.
Autorretrato
de Daniel Bañuls
La Fuente de los Luceros o de los caballos,
como la llamaban hasta los años sesenta, es un monumento artístico
de estilo expresionista autóctono, que se inspira en la naturaleza
y en los cuatro luceros o las cuatro estrellas errantes que brillan
en el cielo estrellado.
En la parte baja del conjunto de esculturas
que forman el monumento destacan los cuatro caballos que representan
las cuatro fuerzas brutas de la naturaleza y las cuatro estaciones
del año, simbolizan la conexión del mundo celeste y el terrestre
y tienen marcadas las estrellas en sus sienes.
Los caballos fueron modelados en barro por
las manos de Daniel Bañuls, luego se hicieron los moldes y se
replicaron los cuatro caballos iguales en hormigón blanco. Para
este menester colaboró en la obra Angel Custodio. (Curioso nombre)
El caballo, que se repite en las cuatro representaciones,
tiene un rico contenido simbólico que expresa las fuerzas de la
naturaleza en sus diferentes versiones.
El caballo es símbolo de abundancia, de fuerza dinámina y generosa
cuya imagen era considerada como una divinidad de las aguas, pues
en la antigüedad se creía que el caballo tenía el don de hacer
brotar el agua con el golpe de sus cascos, tal como se puede apreciar
en la representación de esta fuente. El caballo Pegaso, golpeando
con sus cascos hace manar la fuente Hippocrene (Fuente del Caballo)
cerca del bosque sagrado de las musas, donde se reúnen para cantar,
bailar e inspirar a los artistas. El sonido de las fuentes se
agua favorecen la inspiración de los artistas.
Los caballos tienen la cabeza revirada hacia la izquierda y la
pierna derecha con la rodilla un poco doblada. Los cuatro caballos
dan la impresión de movimiento en dirección de giro y en su conjunto
forman una figura dinámica como el de las antiguas cruces célticas
que indican un movimiento de rotación alrededor de un centro,
en este caso el centro de la ciudad de Alicante. Este movimiento
simbólico representa la generación de corrientes de energía naturales
y cíclicas. El movimiento de giro de los cuatro caballos y la
cruz céltica que forman, es completamente opuesto al movimiento
de giro de la cruz svástica.
El movimiento que inspira la
cruz que forman los caballos, es de giro centrífugo, exteriorizador,
expansivo, es el mismo giro que podemos observar en el cielo,
contrario a las agujas del reloj, mientras que la svástica contiene
un giro centrípeto, cerrado, opuesto a lo natural.
A los pies del caballo, sujetándose
de ambas patas delanteras, como surgiendo del agua aparece la
figura de un elfo que simboliza cada una de las fuerzas de la
naturaleza y también de los fenómenos atmosféricos.
Los elfos se representan como seres que nacían cerca de los nacimientos
de agua, eran de menguada talla, hermosos y bien formados. Su
inteligencia y su habilidad era verdaderamente prodigiosa y divina.
Se les consideraba poseedores de grandes tesoros. Temían la luz
solar y se ocultan de la vista humana (quizás por esto se encuentran
un poco ocultos, debajo del caballo, a la sombra) Cuentan que
si por casualidad, durante las noches de Luna llena, se para una
persona delante de ellos y los mira bien, les despierta el amor
y pueden sentirse seducidos hasta hacerles sufrir abrasándoles
de amor.
Sobre la cabeza del elfo se sostiene una esfera bellamente decorada
que tiene una estrella en el lugar más visible. Esta estrella,
así como la esfera, es una representación básica de cada uno de
los cuatro luceros o cuatro estrellas errantes que se mueven con
los caballos.
-Un lucero es una estrella que camina, que se mueve en el cielo
con un movimiento cíclico como el que aquí está representado por
el efecto dinámico de los caballos. Un lucero es un planeta,
cada uno de los cuatro planetas que pueden ser vistos a simple
vista.
En el centro del pecho del caballo hay un ave exótica que simboliza
la libertad de la imaginación creadora. Por encima y a la derecha
aparece un extraño símbolo al lado de una estrella de cuatro puntas.
Detrás de la cabeza del elfo y de la esfera
que representa al lucero, surgen los frutos de la tierra; granadas,
uvas, melocotones, manzanas, naranjas e higos representando la
fecundidad de la naturaleza, mostrando una relación entre el cielo
y la tierra.
Sobre la grupa del caballo asoma la figura
de un niño abrazando las frutas con su brazo izquierdo y sujetándose
el tronco del árbol que nace del lomo del caballo y que representa
al ser humano en la cúspide de la naturaleza.
Los Luceros y las Hespérides
En la antigua cosmogonía griega
se cuenta que al principio reinaba la Oscuridad y de la Oscuridad
nació el Caos. De la unión de la Oscuridad y el Caos nacieron
el Día, la Noche, el Erebo y el Aire. De la noche y el Erebo nacieron
las Hespérides.
Las Hespérides son hijas de la
noche y al igual que las estrellas, sólo se pueden ver durante
la oscuridad de la noche, como los luceros, que sólo se pueden
observar al anochecer o al amanecer, siempre cercanas a la noche.
Se las situaban al otro lado del océano, en el confín occidental
del mundo. Vivían en un jardín maravilloso donde estaba el manzano
de las manzanas de oro, a cuyo cuidado y custodia las había dejado
la Diosa Madre, pero también eran las encargadas de guardar los
rebaños celestes, los frutos exquisitos y el manzano de oro.
Las Hespérides celestes hijas de la Noche son cuatro Las más
conocidas o muy visibles son cuatro. Erietis o Aretousa, la Rojiza,
Hesperis la luminosa, Egle, la Brillante o la Blanca, en la ruta
del estaño y Hestia, la Negra,
Las Hespérides, como dice Vosio, forman parte del cuadro de los
fenómenos celestes. Por un lado representan las horas de la tarde
y por otro la aparición en el cielo de los luceros. El jardín
que deben cuidar es el firmamento, las manzanas de oro son las
estrellas que contienen la sabiduría divina y el dragón inmortal
que protege al jardín es el zodiaco o la eclíptica.
Este dragón guardián, está doblemente
representado en cada una de las caras del monumento, debajo de
la representación femenina de cada una de la Hespérides que se
corresponde con los luceros o los planetas que son visibles a
simple vista, especialmente al anochecer y son el motivo de inspiración
de las figuras femeninas de esta fuente de la Plaza de los Luceros
de Alicante.
En los detalles de los laterales,
sobre las piletas surgen los diseños de los dragones guardianes
del lugar que tienen una estrella cada uno de ellos y cuatro más
sobre la cresta del cuello.
El dragón halado, que también se parece una serpiente halada,
es el guardián que la Diosa Madre puso en el Jardín de la Hespérides
para proteger a las manzanas de oro
El relieve es muy similar a los
diseños persas de los seres celestesEl Dragón del cielo representa los ciclos de tiempo
que se pueden conocer a través del zodiaco celeste.
El lucero de oriente.
En la parte central del monumento, destacan
cuatro figuras femeninas que representan cada uno de los
cuatro luceros o estrellas errantes. Sobre las cabezas
de cada una de las figuras se destaca una estrella de ocho
puntas de color rojo que indican su relación con las estrellas
errantes o los luceros.
Los luceros tienen una clara representación en las imágenes
de las Hespérides. Una de estas personificaciones femeninas
es la llamada Arietis o Areutousa, la Rojiza, y se identifica
de manera fácil con el planeta Marte con su brillo rojizo
y la analogía de su nombre Ares, que no es otro que Marte,
de donde viene lo de Arietis o Aretousa.
El modelo de esta imagen
trata de representar al lucero rojo de la mañana.
Tiene el cuerpo y las piernas
cubierta con una manto transparente repleto de estrellas
que representan el cielo estrellado de la noche.
Acompañan a la imagen dos
elementos laterales que rodea con los dos brazos. Estos
elementos ornamentales que parecen grandes bastones floridos
tienen gravadas dos estrellas de cinco puntas en la parte
de abajo, simbolizando a dos cuerpos celestes, que probablemente
hacen referencia a las dos lunas de Marte, Deimos y Fobos.
La imagen que da al sur representa al planeta Venus, al lucero
del Alba, a Hespero, de vespero, el vespertino, el más luminoso
de los cuatro luceros.
La imagen de Venus está representada mitológicamente por
una mujer, casi niña, de piel blanca como el alabastro, de perfecta
hermosura, que emerge del mar. En el mito Mediterráneo relatado
por Hesiodo se dice que: Recostada sobre el suavísimo, luminoso
e irisado nácar de una espléndida concha marina, que le sirvió
como nave, lecho y cuna, y soplada por el dulce Céfiro ( el viento
húmedo ), llegó a la costa donde fue recibida por las
Horas, que maravilladas y absortas por tanta belleza, la hicieron
avanzar chorreando aún de agua salada que no quería acabar de
caer, por no abandonar aquel cuerpo tan perfecto. Envuelta en
el resplandor incomparable de su belleza y adornada mejor que
con las más ricas galas con su virginal y noble desnudez, las
Horas solo pusieron un collar en su cuello y una corona de flores
sobre su cabeza, la condujeron al palacio de los dioses del
Olimpo y todos ellos quedaron maravillados de su extraordinaria
belleza y encanto. Con una leve sonrisa en sus labios, todos
los inmortales fueron conquistados.
Si nos fijamos un poco,
se observa la imagen de una mujer muy joven, casi niña,
con los brazos en alto, como si estuviera recostada con
los pies dentro de una concha marina que parece sostener
toda la figura.
En las representaciones de Venus o del Lucero del Alba,
siempre están dos palomas posadas a su lado, igual que
está representadas en la imagen de Bañuls.
La paloma es el ave sagrada de Venus, era el regalo de
los amantes y símbolo de paz y amor.
En todas sus representaciones aparece coronada de flores
y vestida como el manto de la primavera florida que preside.
Alrededor de la imagen
de Venus surgen como una cascada primaveral borbotones de
rosas.
Bajo las dos palomas hay
otras dos conchas marinas.
JÚPITER
En esta imagen que da al oeste de la ciudad
está representada una figura femenina que está como abrazando
a la palmera, árbol mediterráneo relacionado con Zeus Piter, Júpiter
el más espléndido de los luceros. La palmera da sus frutos en
el otoño por eso esta imagen se sitúa al oeste representando también
esta estación del año.
La imagen femenina de este lucero es la de
una mujer joven, bella, robusta con una piernas bien formadas
y un vientre un poco abultado en señal de la fertilidad que otorga
el simbolismo de este planeta. El pecho ya no es de niña, la frente
muy alta, los ojos rasgados, un poco exóticos, propios del significado
de este planeta.
Las estrellas que aparecen en las piernas,
el vientre y los costados de la figura así como las que están
dentro de la copa de la palmera simbolizan el cielo nocturno cuando
el lucero puede ser visto. Pues se trata de una representación
femenina que simboliza al planeta Júpiter, que sólo puede ser
visto en la noche estrellada.
Desde el punto de vista mitológico, los hijos
o las hijas de los dioses, son una representación del mismo dios,
como ocurre desde el punto de vista religioso, donde Padre, Hijo
y Espíritu son la misma persona y forman la trinidad de la iglesia
de Roma.
Minerva es la hija de Júpiter y por ello
una representación femenina del mismo símbolo.
Minerva es el nombre latino de Palas
Atenea, era la divinidad que junto a Júpiter y Juno formaban
la trinidad capilonina de Roma.
A la derecha de la imagen aparecen tres
aves que simbolizan la trinidad y sobre el hombro derecho
hay otra ave que parece una paloma real o un urogallo.
Las tenues y transparentes vestiduras
que cubren su cuerpo están bordadas en estrellas, todo el
vientre está estrellado, simbolizando la fecundación del
cielo.
Minerva era la protectora del comercio
y de la industria, la diosa de los artesanos, zapateros,
carpinteros, pintores, tocadores de flauta y de trompeta
y también protectora de los médicos y patrona de los alfareros
y los arquitectos. Era la guardiana de las ciudades, por
eso está encarada hacia la parte exterior de la ciudad.
El fruto de la palmera aparece en numerosos
lugares, se pueden ver racimos de dátiles a la altura de
la cabeza en el lado derecho, hay dátiles en el tocado y
las piernas están decoradas con pequeñas palmeras y racimos
de dátiles.
Júpiter se relaciona con el hígado y
los dátiles, según el Discorides, es útil para las enfermedades
del hígado.
La imagen que está al norte representa
igualmente a uno de los luceros, a uno de las estrellas
errantes o planetas que pueden ser vistos en el cielo estrellado.
Cada uno de los planetas tiene una representación mitológica
con una imagen que los identifica. Cada planeta tiene
una simbolización en forma de figura humana masculina y
también femenina.
Este es la representación del lucero
del norte, del planeta errante que emite una luz más tenue
de todos, del más alejado y frío que es sin duda Saturno.
Otra Hespéride que tiene
una clara relación con Saturno es Hestia o la Negra. Según
Hesiodos, Hestia fué la primera hija de Saturno, la primogénita
entre los siete hijos de Saturno, hermana pues de Deméter,
Hades, Zeus y Poseidon. Por otro lado el apelativo de la
Negra también la relaciona con Saturno que es analólogo
al color negro.
Hestia o Vesta es la diosa del fuego
sagrado, la cuidadora del fuego que colocaban en el centro
de las ciudades mediterráneas para que el pueblo pudiera
proveerse del fuego necesario para el hogar. Se conoce
varias representaciones del modelo de Hestia en las que
unas veces está sentada y otra de piés pero siempre en completa
inmovilidad, tal como se la concebía, pues se la ubicaba
en el centro inmovil de mundo.
En el palacio Justiniano de Roma existe una imagen que
la representa de pié vestida de manera sencilla con una
túnica que le cae hasta los pies. Tienes la cabeza, el pecho
y la espalda cubiertos por un velo parecido al de Isis -en
el fondo son hermanas- El brazo derecho hacia bajo y atrás,
como señalando la tierra y el izquierdo a la altura de cabeza
señalando el cielo. Es una imagen de aspecto sereno, tranquilo,
grave y dignamente religiosa.
Los pies de esta imagen están posados sobre
el centro de unas llamas de fuego que ascienden por ambos lados
de la figura, rodean un poco por debajo de la cintura y abrazan
el cuerpo de la mujer.
Como la antigua divinidad casta, la imagen
aparece vestida y cubierta hasta los pies, pelo largo trenzado,
toda ella serena, tranquila, grave y digna como el modelo de Hestia
de los griegos o la Vesta de los romanos.
La cúspide del monumento es una representación
del árbol de la Hésperides que se alza hacia el cielo. El árbol
del Jardín y sus frutos tienen la misma idea en el árbol sagrado
de muchas otras mitologías.
La manzana simboliza el conocimiento, pero la manzana de oro,
es el conocimiento divino, el saber que guarda el cielo, la sabiduría
creadora que nos manifiesta Bañuls en esta obra artística.
En las revelaciones a San Juan
Apoc 22/2 dice. En medio de la calle de la ciudad y a uno
y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce
frutos, dando cada mes su fruto.....
Pero Bañuls no se olvida del mito del héroe
que tomó los frutos dorados del jardín de las Hespérides venciendo
al dragón. Pues los leones que aparecen en cada una de las caras
representan a Hércules. De los doce trabajos de Hércules, Bañuls
se inspira, en uno de ellos en los que Hércules tiene que obedecer
la orden de buscar las Manzanas de Oro del Jardín de las Hespérides.
El León es el animal que domina el héroe en la primera de sus
leyendas y queda como símbolo del héroe solar. Quizás esta oculta
o secreta simbolización de Hércules haya influido en los seguidores
del equipo alicantino del mismo nombre, para celebrar sus victorias
en este lugar.